Dentro del laberinto
De pequeña una de mis películas favoritas era ‘Labyrinth’ (Dentro del laberinto). Un film del 86 dirigido por Jim Henson e interpretada por la joven Jennifer Connelly y el gran David Bowie.
Tantas veces la vi que me sabía los diálogos y cuando veía un callejón lleno de hojas mojadas en el suelo, me encantaba emular la escena en la que Sarah (Jennifer Connelly) corre sin control avanzando a través del laberinto. Mi madre me la ponía una y otra vez bajo mi petición en cinta de VHS.
Hace poco recordé otra vez el largometraje y pensé cómo una cinta que he visualizado tantas veces de pequeña, pueda guardar tantas similitudes con mi situación actual. Durante estos meses me he sentido nuevamente Sarah, dentro de un laberinto en el que no sé qué trato de recuperar. Quizá la niña que me han robado.
Mi habitación en la casa de mis padres se sigue pareciendo a la de Sarah. Una especie de templo de culto lleno de recuerdos, fotografías, objetos y cartas que van desde la infancia a la adolescencia y que cada vez que voy me resisto a tirar. Supongo que el hecho de que sigan ahí hace que vuelva por unos instantes a esos momentos inolvidables algunos, y algo vergonzosos otros tantos.
A veces avanzo a través del laberinto y encuentro en el suelo las señales pintadas al revés y escojo el camino por el que tardaré más. Ese camino me lleva a la famosa escena de las puertas. Una de las dos puertas siempre dice la verdad y la otra siempre miente, una me llevará hasta el castillo y la otra hasta una muerte segura.
Pero lo que sí tengo claro es que hay que seguir, hay que elegir una puerta porque quedarte paralizada ante ellas es peor. Entonces imito a Sarah y, aunque la puerta no me lleva al castillo, tampoco a una muerte segura; si no a unas manos que te siguen sujetando como si de una fuerza externa se tratara.
‘‘Por increíbles peligros e innumerables fatigas, me he abierto camino hasta el castillo más allá de la ciudad de los goblins para recuperar el niño que me has robado… Porque mi voluntad es tan fuerte como la tuya y mi reino igual de grande. ¡No tienes poder sobre mí’! ’’ Sarah
De fondo, por supuesto, suena ‘Magic Dance’ de David Bowie. Una canción que forma parte de la banda sonora de la película y que Bowie escribió e interpretó.



Qué bonito símil. Estoy seguro que ese laberinto lo descifrarás y saldrás cada vez más reforzada. Sigue escribiendo así de bien. Qué pena haber tardado tanto en leerlo con lo bien que está!